¿El sistema de servicios sociales no colapsa?

ANNA PARINI

El confinamiento domiciliario presupone que todos tenemos una casa y que el domicilio es un espacio donde estamos protegidos. Entendemos que proteger a la ciudadanía se consigue protegiendo su salud o, mejor dicho, su sanidad. Y para ello, volcamos todos nuestros esfuerzos en evitar que el sistema sanitario colapse.

Posiblemente, en este momento lo que se está haciendo es lo único que podemos hacer, porque nuestro estado de bienestar y el de los países de nuestro entorno están diseñados para dar esta respuesta.

Todas las personas tenemos capacidad y posibilidad de asistir y todas vamos a necesitar ser asistidos en muchos momentos de nuestra vida. Por mucho que hablemos de autonomía e independencia, reconocer la dependencia se corresponde mucho más con nuestro ser que alimentar la quimera de la autosuficiencia.

En esta estrategia reactiva ante la crisis por COVID-19, tras el estado de alarma decretado, cómo está respondiendo el sistema de servicios sociales. Lógicamente ha priorizado las personas que en ese momento se encontraban ingresadas en sus centros residenciales, dado que son las usuarias de los servicios sociales que en mayor medida dependen de éstos . Sin embargo, esa atención prioritaria no debería conllevar una pérdida de actividad hacia el resto de perfiles y de modalidades de apoyo.

Con la Ley de Dependencia se pretendía elevar la dependencia al mismo nivel de importancia en la política social que las otras llamadas “patas del Estado de bienestar” (sanidad, educación y pensiones). Sin embargo, la realidad es que buena parte de las expectativas no se han traducido en una atención efectiva.

La actual crisis por COVID-19 requiere, sin duda, reforzar el sistema sanitario para evitar su colapso y, de manera definitiva, también es necesario reconfigurar los contenidos de atención de los servicios sociales, para garantizar su continuidad ahora y para abordar la nueva situación post-crisis.

Cuando la crisis acabe, tendremos una nueva oportunidad para la modernización del sistema social y sanitario:

  • Un sistema asistencial único que integre lo social y lo sanitario.
  • Orientado hacia la atención básica o primaria a través de la gestión del caso
  • Integración del hogar dentro del sistema
  • La asistencia de los colectivos más vulnerables
  • Basado en el conocimiento compartido.
  • Cooperación con los otros sistemas, como el de educación
  • Atención integral y centrada en la persona:
    • Autonomía: diversidad y empoderamiento.
    • Individualidad: personalización y flexibilidad.
    • Independencia: prevención y visibilización de capacidades.
    • Integralidad: globalidad.
    • Participación: accesibilidad e interdisciplinariedad.
    • Inclusión social: proximidad y enfoque comunitario.
    • Continuidad de atención: coordinación y convergencia.
  • Diversidad distribuida de activos comunitarios de cercanía.

Esta crisis acabará y deberemos reconstruir las interacciones y la confianza en una sociedad/comunidad en la que cuidamos y que nos cuida.

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