La tendencia a vivir sola

Hasta el siglo XIX la proporción de hogares unipersonales se mantuvo estable, por debajo del 10%. El crecimiento comienza en el siglo XX y en especial en la década de 1960, alcanzando cifras del 60% en algunas ciudades del norte de Europa. La prevalencia actual de hogares unipersonales no tiene precedentes.

Monte Pagasarri. Bilbao, diciembre 2020.

Esta tendencia de vivir solo se suele asociar con el aumento de la soledad e incluso se habla de “epidemia de soledad”, con titulares alarmantes en medios de comunicación. El vivir solo, por sí mismo, no es un buen indicador de soledad. No todas las personas de hogares unipersonales viven una experiencia de aislamiento doloroso. Hacer de la soledad, de su vivencia por parte de las personas, un producto de consumo, puede banalizar un problema comparable, en sus efectos, al tabaco o la obesidad. No hay respaldo empírico para el hecho de que la soledad está aumentando, y mucho menos extendiéndose a tasas epidémicas. Es importante mantener las cosas en perspectiva y no dejarse llevar por la mercadotecnia.

En inglés existen 4 conceptos diferentes para hablar de soledad:

  • Medición objetiva (observable): “aloneness” (no tener nadie alrededor o estar solo por periodos de tiempo prolongados) y “social isolation” (red social reducida cuantitativamente).
  • Medición subjetiva (percibida): “solitude” (estado de soledad voluntaria) y “loneliness” (relaciones sociales deficitarias cuantitativamente y cualitativamente).

Además, se pueden diferenciar 3 tipos de soledad:

  • La soledad social: se refiere a la percepción de falta de cantidad y calidad de las relaciones.
  • La soledad emocional: describe la ausencia o pérdida de relaciones significativas que satisfacen una necesidad profundamente sentida de ser reconocidos y ‘pertenecer’
  • La soledad existencial: se refiere a una experiencia de sentirse completamente separado de otras personas, a menudo cuando se enfrenta a experiencias traumáticas o la mortalidad.

En la práctica, las personas experimentan una combinación de lo anterior. Los tres conceptos no son mutuamente excluyentes y existen superposiciones entre ellos.

Los eslóganes demasiado simplificados, muy comunes en medios de comunicación y redes sociales, no ayudan a comprender realmente el fenómeno. Confundir estos términos (lo que significan) podría llevarnos a un análisis erróneo y al diseño de políticas equivocadas y estigmatizadoras.

Pero nada de lo dicho anteriormente quiere decir que no debamos prestar atención a estos temas. Todo lo contrario, pero para hacerlo es necesario dejar las narrativas simplificadoras e inexactas y pasar a profundizar en el reto. Es importante brindar apoyo a las personas que sufren de soledad, al igual que es importante prestar atención a los desafíos que surgen de los grandes cambios sociales, como el aumento de la vida sola.

Tanto la soledad objetiva (vivir solo) como la soledad subjetiva (frecuentes sentimientos de soledad percibida) se asocian a problemas de salud. Las conexiones sociales, incluido el contacto con amigos y familiares, son importantes para nuestra salud y bienestar emocional.

El objetivo de este post no es tanto la soledad, aunque sí parecía necesario señalar la complejidad del tema y el riesgo de su simplificación, sino el cambio social ligado al aumento de la vida sola.

La vida en solitario se puede caracterizar por los siguientes factores:

  • Ingresos: la prevalencia de de hogares unipersonales es mayor en países con mayor PIB per cápita.
  • Culturales: a un mismo nivel de ingresos, existen diferencias entre países, asociadas a factores culturales. Ghana y Pakistán, por ejemplo, tienen un PIB per cápita similar, pero en Pakistán los hogares unipersonales son extremadamente raros, mientras que en Ghana son comunes (aproximadamente 1 de cada 4).
  • Estado de bienestar: la existencia de una red de servicios e infraestructuras de apoyo, estado de bienestar, posibilita desarrollar vidas en solitario.
  • Pero también, puede interpretarse como una condición necesaria, en la economía actual, para obtener más ingresos. La migración de las zonas rurales a las urbanas es el mejor ejemplo.

Es más probable que las personas vivan solas hoy que en el pasado, en parte porque son cada vez más capaces de hacerlo. Puede darse la paradoja que los países donde es más probable que las personas digan que cuentan con mayores apoyos familiares y de amigos son los mismos países donde una gran parte de la población vive sola. Es el caso de Escandinavia.

La vida en solitario forma parte de un marco de cambios sociales que representan un reto estructural y estratégico global:

  • Los avances en materia de conocimiento científico e innovación tecnológica configuran un tipo de sociedad en el que se aceleran los procesos de destrucción creativa de productos, servicios y, consiguientemente, de estructuras laborales y económicas.
  • Individualización y diversificación de las trayectorias vitales de las personas, por el aumento de la movilidad internacional y debilitamiento y precarización de la seguridad del empleo.
  • Prolongación de la esperanza de vida con el aumento de los años de vida libres de discapacidad, pero también aumentan los años de vida con discapacidad y la prevalencia de patologías crónicas.
  • La incorporación de la mujer al mercado laboral, con lo que desaparecen los cuidados y apoyos gratuito.
  • Transformación y diversificación de las estructuras y dinámicas familiares.
  • Aumento de las expectativas en el Estado de bienestar.

Durante décadas, las sociedades que han desarrollado un estado de bienestar se han dotado de un sistema sanitario potente, capaz de atender las enfermedades agudas, generando grandes mejoras en la calidad de vida de las personas y un aumento de su esperanza de vida. Los servicios sociales, sin embargo, no han precisado de la existencia de una red tan potente, pues los cuidados quedaban resueltos por el entorno familiar y fundamentalmente por las mujeres. Cuando cambia la prevalencia de enfermedades de agudas a crónicas, y además los cuidados hay que abordarlos desde un entorno más profesional e institucional, se producen cada vez más disfunciones.

Se puede elegir la expresión cambio de época para caracterizar la nueva realidad. La envergadura interrelacionada de los fenómenos que definen este cambio de época es suficiente como para obligar a un cambio de modelo.

Si asumimos que vivimos un cambio de época, la soledad es una de las formas en las que se expresa el colapso de los modelos de los que nos hemos dotado en nuestro Estado de bienestar.

Las grandes necesidades humanas (la salud, la movilidad, el alojamiento, la seguridad, el alimento, el territorio, la participación o el conocimiento) son la referencia de los grandes bienes que protegen y promueven las políticas públicas. Tal como plantea el consultor social Fernando Fantova ¿Cuál sería la necesidad satisfecha o el bien protegible opuesto a ese sentimiento insatisfactorio de soledad en una situación de aislamiento social y en un contexto de desvinculación relacional? Cabe proponer que pudiera ser la interacción, definida como la interdependencia (más intensa o más ligera, más directa o más indirecta) entre personas que mantienen entre sí relaciones primarias (o semejantes), entendidas como vinculaciones interpersonales gratuitas de afecto y reciprocidad en las que se da un cierto compromiso de cuidado de la otra persona en equidad, de responsabilidad compartida por la sostenibilidad de su vida.

El propio autor propone la interacción como un nuevo bien a proteger y promover desde las políticas publicas y plantea que sean los servicios sociales, y particularmente los sistemas públicos de servicios sociales, los que podrían ir encargándose de la prevención y abordaje del malestar de la soledad, del aislamiento social, de la exclusión relacional y de la protección y promoción de la interacción de todas las personas (universal).

Las conexiones sociales, incluido el contacto con amigos y familiares, son importantes para nuestra salud y bienestar emocional. A medida que continúe el aumento de la vida sola, surgen nuevos desafíos relacionados con la interacción (como bien a proteger) para conectar a las personas y brindar apoyo a quienes viven solos. En la práctica esto supone la necesidad de fortalecimiento de los sistemas que intervienen en el cuidado de las personas y la coordinación entre ellos con un especial protagonismo del desarrollo de las tecnologías de la comunicación en pro de facilitar dicha interacción.


Nota del autor:

La foto está tomada en el monte Pagasarri (Bilbao) y corresponde a una excursión, antes de finalizar 2020, con la kuadrilla (nombre que se le da a los grupos de amigos en Euskadi) para despedir el año. Hasta llegar al parking, donde dejamos los coches, toda la interacción durante meses había sido digital. La pandemia ha puesto de relevancia que ese bien de la interacción que debemos preservar no debe diferenciar entre lo analógico y lo digital y ajustarse en cada momento y en cada lugar de manera individual o colectiva.